Hidalgo Trueba Jesús
Grupo:2410
La Divina Comedia
La primera parte narra el descenso de Dante al Infierno,
acompañado por Virgilio. Acompañado por su maestro y guía, describe al infierno
que tenía una forma de un cono con la punta hacia abajo y los nueve círculos
que poseía en los que los condenados son sometidos a castigo, según la gravedad
de los pecados cometidos en vida.
Dante encuentra en el Infierno a muchos
personajes antiguos, pero también de su época, y cada uno de ellos narra su
historia brevemente a cambio de que Dante prometa mantener vivo su recuerdo en
el mundo; cada castigo se ajusta a la naturaleza de su falta y se repite
eternamente.
En el
último círculo "Judesco", Dante describe que había una especie de
palacio en el cual se hallaban los que traicionaban a sus bienhechores y allí
se encontraba Lucifer.
Él lo describe como un demonio de tres cabezas y dentro de la boca de la
principal se hallaba Judas, al cual mordía con sus filosos colmillos
como un juguete, mientras este gritaba de dolor.
En esta segunda parte, Dante y Virgilio atraviesan
el Purgatorio, una montaña de cumbre plana y laderas escalonadas
y redondas, simétricamente al Infierno. En cada escalón se redime un pecado,
pero los que lo redimen están contentos porque poseen esperanza. Dante se va
purificando de sus pecados en cada nivel porque un ángel en cada uno le va
borrando una letra de una escritura que le han puesto encima.
Esta parte comienza propiamente con la salida
Infierno a través de la natural
burella. Dante y Virgilio llegan así al hemisferio sur terrestre (que se creía por completo bajo las aguas),
donde en medio de las aguas se halla la montaña del Purgatorio, creada con la
tierra utilizada para crear el abismo del Infierno, cuando Lucifer fue expulsado del Paraíso tras rebelarse contra Dios. Tras
salir del túnel llegan a una playa, donde encuentran a Catón el Joven, que se desempeña como guardián del Purgatorio.
Teniendo que emprender el ascenso de la empinada montaña, que resulta imposible
escalar, es tan empinada que Dante tiene que preguntar a algunas almas cuál es
el pasaje más cercano; pertenecen al grupo de los negligentes, los muertos en
estado de excomunión, que viven en el
Ante-purgatorio. En la entrada del valle donde se encuentran los principios
negligentes, Dante, siguiendo las indicaciones de Virgilio, pide indicaciones a
un alma que resulta ser el guardián del valle, un compatriota de Virgilio, Sordello, que será su guía hasta la puerta del Purgatorio.
Tras llegar al final del Ante purgatorio, tras un valle florecido, los
dos cruzan la puerta del Purgatorio, que custodia un ángel con una espada de
fuego, que parece tener vida propia. Está precedido por tres jardines, el
primero de mármol blanco, el segundo de una piedra
oscura y el tercero y último de pórfido rojo. El ángel, sentado en el solio de diamante y apoyando los pies en el escalón rojo, marca
siete "p" en la frente de Dante y abre la puerta con dos llaves, una
de plata y otra de oro, que San Pedro le dio, y los dos poetas se adentran en el segundo
reino
El Purgatorio se divide en siete cornisas, donde
las almas expían sus pecados para purificarse antes de entrar al Paraíso. Al
contrario del Infierno, donde los pecados se agravan a medida que se avanza en
los círculos, en el Purgatorio la base de la montaña, es decir la cornisa I,
alberga a quienes padecen las culpas más graves, mientras que en la cumbre,
cerca del Edén, se encuentran los pecadores menos culpables. Las
almas no son castigadas para siempre, ni por una sola culpa, como en el primer
reino, pero expían una pena equivalente a los pecados durante la vida.
En la primera cornisa, Dante y Virgilio encuentran
a los orgullosos, en la segunda a los envidiosos, en la tercera a los
iracundos, en la cuarta a los perezosos, en la quinta a los avaros y a los
pródigos aquí se encuentran el alma de Cecilio
Estacio quien tras años de expiación espiritual decide llevaros
hasta la cumbre. En la
sexta cornisa, encuentran a los que expían sus culpas los golosos, que lucen
delgadísimos, y la séptima, donde se encuentran los lujuriosos, envueltos en
llamas. En la séptima cornisa, los tres tienen que atravesar un muro de fuego,
tras la cual hay una escalera, por la que se entra al Paraíso terrestre. Allí,
donde vivieron Adán y Eva prima
del pecado, Virgilio y Dante tienen que despedirse, porque el poeta latino no
es digno de conducirlo en el Paraíso. Pero su amada Beatriz sí.
Aquí Dante se encuentra con Santa Matilde, la personificación de la
felicidad perfecta, precedente al pecado original, que le muestra los dos ríos, Lete, que
hace olvidar los pecados, y Eunoe, que devuelve la memoria del
bien realizado, y se ofrece a reunirlo con Beatriz, que pronto llegará. Beatriz
le llama severamente la atención a Dante y después le propone verla sin el
velo. El poeta, por su parte, busca a su maestro Virgilio, que ya no se
encuentra con él. Tras beber las aguas del Lete y del Eunoe, que hacen olvidar
las cosas malas y recordar las buenas, el poeta sigue a Beatriz hacia el tercer
y último reino, el del Paraíso.
Libre de todo pecado, Dante puede ascender al
Paraíso. El cual está compuesto por nueve círculos concéntricos, en cuyo centro
se encuentra la tierra. En cada uno de estos cielos, en donde se encuentra cada uno de los planetas, se
encuentran los beatos, más cercanos a Dios en función de su grado de beatitud.
Pero las almas del Paraíso no están mejor unas que otras, y ninguna desea
encontrarse en mejores condiciones que las que le corresponden, pues la caridad
no permite desear más que lo que se tiene. De hecho, a cada alma al nacer Dios
le dio cierta cantidad de gracia según criterios insondables, en función de los
cuales gozan aquellas de los diferentes grados de beatitud. Antes de llegar al
primer cielo el poeta y Beatriz atraviesan la Esfera de fuego.
En el primer cielo, que es el de la Luna, se
encuentran quienes no cumplieron con sus promesas (Angeli). En el segundo, el de Mercurio, residen quienes hicieron el
bien para obtener gloria y fama, pero no dirigiéndose al bien divino
(Arcangeli). En el tercero, de Venus, se encuentran las almas de los "espíritus
amantes" (Principati). En
el cuarto, del Sol, los "espíritus sabios" (Potestà). En el quinto, de Marte, los "espíritus militantes" de los
combatientes por la fe (Virtù).
En el sexto, de Júpiter, los "espíritus gobernantes
justos" (Dominazioni).
En el séptimo cielo, de Saturno, de los "espíritus
contemplativos" (Troni),
Beatriz deja de sonreír, como lo había hecho hasta entonces. Desde ese punto en
adelante su sonrisa desaparece, pues por la cercanía de Dios su luminosidad
resultaría imposible de contemplar. En este último cielo residen los
"espíritus contemplativos". Desde allí Beatriz eleva a Dante hasta el
cielo del las estrellas fijas, donde no están más repartidos
los beatos, sino las "almas triunfantes", que cantan en honor a
Cristo y María, a quien Dante alcanza a ver. Desde ese cielo, además, el poeta
observa el mundo debajo de sí, los siete planetas, sus movimientos, y la
Tierra, muy pequeña e insignificante en comparación con la grandeza de Dios (Cherubini). Antes de continuar Dante
debe sostener una especie de "examen" de Fe, Esperanza y Caridad, por
parte de San Pedro, Santiago y San Juan. Por lo tanto, después de un
último vistazo al planeta, Dante y Beatriz ascendieron al cielo, el Primo Mobile o Cristallino, el cielo más externo,
origen del movimiento y del tiempo universal (Serafini).
En este lugar, tras levantar la mirada, Dante ve un
punto muy luminoso, rodeado por nueve círculos de fuego, girando alrededor de
ella; el punto, es Dios, y a su alrededor se mueven los nueve coros
angelicales, divididos por cantidad de virtud. Superado el último cielo, los
dos ascienden a el Empíreo, donde se encuentra la
"rosa de los beatos", una estructura en forma de anfiteatro, en el cual, sobre la grada más alta está la Virgen María. Aquí, se encuentran las figuras más importantes
de la Biblia, como San Agustín, San Benito, San Francisco, y también Eva, Raquel, Sara y Rebeca.
Desde aquí Dante observa finalmente la luz de Dios,
gracias a la intervención de María a la cual San Bernardo había pedido ayuda para que
Dante pudiese ver a Dios y sostener la visión de lo divino, penetrándola con la
mirada hasta que se une con él, y viendo así la perfecta unión de toda la
realidad, la explicación de toda la grandeza.
En el punto más central de esa gran luz Dante ve
tres círculos, las tres personas de la Trinidad, el segundo del cual tiene
imagen humana, signo de la naturaleza humana, y divina al mismo tiempo, de
Cristo. Cuando trata de penetrar aún más el misterio su intelecto flaquea, su
alma es tomada por la iluminación, la armonía que se da la visión de Dios, del
amor que mueve el sol y las otras estrellas. Por la grandiosa luz del ultimo
cielo, Dante queda ofuscado, concluyendo así la Divina Comedia.http://finanzas2410.blogspot.mx/